Factorías de innovación

12 noviembre, 2012

Innovación Organizacional

En el año 2006 dándole vueltas a la innovación, y sobre todo a las dificultades que teníamos para trasladar el mensaje a la sociedad, teniendo en cuenta fundamentalmente que la innovación en el ámbito de la gestión empresarial es un concepto etéreo y poco aprensible y que convencer a un cliente potencial de que invierta cantidades, en ocasiones importantes de dinero y sobre todo de dedicación de sus equipos directivos a modificar sus hábitos de trabajo y la forma en la que toman sus decisiones, es realmente difícil. En estas circunstancias, se nos ocurrió intentar tangibilizar la innovación y para ello crear un laboratorio de innovación.

El primer paso fue explorar qué había en el mundo: laboratorios de creatividad, espacios para pensar, nuevos entornos de trabajo, artículos de investigación, …, para ello nos pusimos en contacto con la LSE-London School of Economics, con la Sloan en el MIT, con Ikujiro Nonaka y a través suyo con el concepto del BA, espacios en los que el proceso de creación de conocimiento sucede, permitiendo la explicitación, la socialización, la combinación y la interiorización del conocimiento en un flujo continuo.

También estuvimos con Marcial Losada para conocer sus sistemas de análisis de las interacciones humanas y el modelo de aplicación de la teoría de la complejidad a la dinámica de equipos, compartimos con Eve Miltenton-Kelly su visión blanda de la teoría de la complejidad aplicada a procesos de gestión y las tomas de decisiones y aprendimos sobre las narrativas como mecanismos de transmisión de conocimiento tácito. Organizamos en España el primer “Knowledge Coffee” ahora conocido también como “World Coffee” de la mano de Edna Pasher una de sus creadoras.

Llegados a este punto, habíamos descubierto que, aunque parezca extraño, en el mundo no había ningún laboratorio de innovación, estábamos innovando la innovación.

Era el momento de empezar a crear, a soñar y a definir ese espacio singular; de nuestra exploración de la teoría y de las experiencias parciales habíamos determinado que al menos eran necesarios tres espacios:

  1. Un primer espacio de inmersión, un lugar en el que poder salir de la rutina del día a día, un lugar en el que soñar sea posible, en el que poder abrir la mente y pensar de forma divergente, un espacio en el que todos los sentidos tienen importancia, el tacto, el oído, la vista, el gusto y el olfato, un espacio multi-sensorial.
  2. Un segundo espacio de interacción, un lugar en el que las personas puedan intercambiar sus experiencias, sus conocimientos, un lugar para la socialización.
  3. Finalmente un tercer espacio de creación, de interiorización, un espacio de trabajo en el que trasladar los sueños a la realidad y convertirlos en productos, procesos, métodos o herramientas de gestión, un espacio en el que poder fabricar “casi” cualquier cosa.

Recuerdo que estábamos en la recepción del Gran Hotel Durango con Kartik Sonamatan, un hindú al que habíamos fichado para intentar poner en marcha la primera cooperativa de investigación en gestión empresarial internacional. Kartik vivía en Bangalore y simplemente habíamos soñado que la India era un buen lugar para empezar. Comentando con él nuestras ideas para crear este singular espacio de innovación, él comentó a modo de broma que teníamos que hacerlo en un submarino, inmersión de verdad, y aunque parezca extraño cuatro años atrás nos ofrecieron un submarino ruso para ponerlo en un nuevo parque de la tecnología y de las energías en Bizkaia. Aun así, lo del submarino nos pareció complicado, pero no abandonamos la idea y mientras esperábamos a que Kartik bajase para ir a cenar, pensamos “un submarino no, pero un barco, ¿por que no un barco?”. Y llamé, en caliente, sin pensarlo dos veces, al consejero de Agricultura y Pesca del Gobierno Vasco, le expuse nuestra idea y me comentó que lo iba a mirar, así quedo el tema. Una semana más tarde recibí una llamada del Vice-consejero de Pesca comentándome que ya tenia un barco para nosotros, el Guadalupeko Izarra, el último barco que se fabricó íntegramente en madera en los Astilleros Eguren de Lekeitio; éste era, en cierta medida, aún es, un atunero de 35 metros de eslora y 8 de manga que iba a convertirse en un pecio, pero que si nos interesaba lo podíamos comprar.

Así comienza la aventura de convertir un pesquero en un laboratorio de innovación. Tengo que deciros que la transformación del barco ha sido lo más sencillo de todo el proceso, los trámites legales para conseguir que el barco no sea barco, sea un artilugio flotante, que no esté en listas de la marina, pero que pueda esta atracado en un puerto, …, nos han llevado más de tres años. Pero siguiendo en consejo de un buen amigo hemos aplicado el factor PI, paciencia por insistencia y al final empezamos a ver la luz y el laboratorio es ya una realidad.

La primera factoría de innovación del mundo en un antiguo atunero de madera, un conjunto de métodos y herramientas para imaginar, crear, transformar y hacer realidad la innovación. Un ejemplo en sí mismo de innovación, de cómo llevar al mercado de forma exitosa una idea, desde el sueño al mercado. Innovalab es el primer laboratorio integral de innovación del mundo y su modelo ya se está importando a otros países.

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